La grasa y el agua
-¡Hola!, ¿me das unas albóndigas?
-¡Almóndigas bruta!, ¡almóndigas!!!
- Ah, bueno, disculpá, ¿me das unas “almóndigas”?
-¿Qué preferís?, ¿almóndigas de chorizo de hace un mes, o almóndigas de carne de perro de hace una semana?
Ja ja ja, jue, jue, jue, se reían las albóndigas desde la cocina. ¡Este pizero es un hijo de puta!!!, gritaban a coro. Con la mugre que hay acá no sé cómo hace para distinguirnos, jajaja…
-Che negra, ¿vos sos de chori o de perro???
-Mamita, ¿no me ves la grasita?, yo soy de chori del bueno.
Entre tanta alharaca, las albóndigas de la pizzería “Los hijos de puta” tuvieron una idea:
-Che locas, ¡salgamos a la calle antes de que nos coman!!!
-¿Pero quién mierda nos va a comer con este olor a grasa que tenemos?
- Y, siempre hay algún viejo borracho con el estómago hecho bosta ¿viste? Ese nos pasa sin culpa con unos tintos.
Todas votaron a qué lugar irían, y decidieron que a la laguna de Chascomús porque a muchas les gustaba la pesca de embarcados, y alquilar un botecito entre tantas les saldría más barato. Y así salieron caminando por las calles porteñas. Las viejas fifí las miraban con asco, y ellas les movían el culo en señal de rebeldía adolescente. A algunos que otros se les caía la baba, pero ellas seguían firmes en su propósito de alcanzar la cima en la pesca deportiva.
El bondi, por suerte, pasó enseguida. El viaje fue muy largo y las albóndigas, apretadas contra la ventanilla, ya empezaban a desprender su chivo albondiguero. Los pasajeros, como atacados masivamente por la gripe A, vomitaban sin culpa por aquí y por allá, tanto que las albóndigas, nadando en el vómito masivo, lo confundieron con la laguna de Chascomús.
- ¡Ya llegamos!!!, decía una albondiguita despistada.
- ¡No boluda!, ¡todavía no grité carnaval, así que no apretés el pomo!!!
Finalmente, la luz del sol las llevó a Chascomús y ahí se encontraron, por fin, y después de tantos días de vida, respirando aire puro. Todas tenían una felicidad inmensa, aplaudían con sus manitos grasientas y hacían milanesa por la tierra Chascomusense. Al rato llegó el bote que las conduciría al medio de la laguna. Todas tenían sus equipos armados, incluso los chalecos salvavidas que, lamentablemente, les quedaban un poco grandes. ¡La ra la ra la!!!, cantaban. Estaban chochas con el solcito dominguero. De pronto una de ellas gritó: ¡picó picó!!! Efectivamente, un pez más grande que todas ellas juntas había mordido el anzuelo; pero la alegría se transformó en tragedia cuando terminaron cayendo a la laguna, abrumadas por el peso del pez. Y lo más triste fue que al entrar en contacto con el agua las albóndigas comenzaron a deshacerse. Recién ahí se dieron cuenta de que les faltaba huevo. Horas más tarde, sólo se vislumbraban en la laguna pequeñas aureolas de grasa que brillaban como diamantes al ser reflejadas por la luz del sol.
El odio
Hace 3 años