Para mis chicos del taller, que siempre me llenan de alegría.
Guardapolvito,
guardapolvito,
pajaritos blancos
en el cielo,
y los pibes que inundan
con sus risas las mañanas.
Un sol radiante que brilla y brilla,
¿viste qué lindo?
y un pizarrón viejo que se ve desde
la ventana.
"Martín pescador, ¿se podrá pasar?;
pasará, pasará, pero el último quedará".
Quedarán sus risas, sí,
prendidas en mi solapa;
y un millón de besos
que guardé en el bolsillo.
Y un hasta pronto, un te quiero,
unos cuentos viejos
y algún que otro olvido.
¿Te quedás acá, cerquita mío?
dale, te leo de corrido
como dulce de leche
mientras me llenás de cosquillas
el ombligo.
¿Sabés que el guardapolvo
a tablitas me hace sentir tan, pero tan linda?
mirá, mirá cómo escribo, con letra redondita,
¿te gusta?
Me encanta.
Y también me encanta tu guardapolvito.
No llores, mi amor,
no lo tiré;
nomás lo dejé volando por el cielo,
volando como un pajarito.
El odio
Hace 3 años
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